La tercera placa de Aloha los encuentra afinando sus experimentos en pos de afianzar un sonido más melódico. Este mes, no vamos a poder sacar a Moonless March de nuestro playlist.El rock experimental siempre tiene algo de ruptura, ya sea con la tradición anterior, ya sea en su construcción interna. Su sonido no siempre es inmediatamente agradable, pero su propuesta suele buscar más el desafío que la complacencia. Por esta razón, la experiencia con estas bandas suele ser más personal y las opiniones, más divididas.
Aloha acaba de estrenar su nuevo disco,
Home Acres, que los presenta un poco alejados de la cacofonía experimental, ya maduros y asentados en un sonido más rockero. “Definitivamente, ahora preferimos hacer algo más enfocado,” comenta Tony Cavallario, cantante de la banda. “Cuando improvisamos, como cuando tocamos en vivo, se trata más de manejar firmemente y construir un groove, que de las ráfagas de notas que solíamos tener. No sé si es menos experimental. Es una vibra diferente, enfocada más en la composición que en la interpretación.”
Enfocarse puede llegar a ser muy difícil cuando cada uno de los músicos se encuentra desperdigado en distintos lugares del mapa. Sin embargo, este es un problema que la banda parece haber solucionado. “Hace diez años que hacemos música juntos, así que nos volvimos muy eficientes a la hora de sentarnos a escribir los temas. Nos pasamos ideas por internet y, cuando por fin nos juntamos, ya estamos listos para ponernos a trabajar rápido. También, cada uno de nosotros tiene en su casa una especie de home studio, así que no tenemos que hacer tantas concesiones a la hora de grabar. Para bien o mal, amamos seguir trabajando y experimentando hasta que estamos satisfechos.”
La nueva placa los muestra concentrados en un sonido indie rocker, enfocando sus trazos y arreglos experimentales a veces en climas oscuros, a veces en escenarios llenos de luz; a veces con un upbeat más acelerado, a veces en intersticios melódicos. Está mal creer que su ya icónico vibráfono o su abuso del reverb definen más su sonido que la compleja amalgama de sus influencias: “tratamos agresivamente de escuchar montones y montones de música, con mucha atención. Creo que nuestras más grandes influencias son el pop de los 60’s, el folk psicodélico, minimalista, lo progresivo de los 70’s, la primera música electrónica y el ya clásico rock indie americano de los 90’s.”
Sin embargo, incluso con todo el claroscuro de sus variaciones, el producto final demuestra una solidez unificada por el clima apocalíptico de su lírica. “Yo escribo todas las letras y trato de alimentar mi cerebro con buena literatura, entre disco y disco. Me gustan mucho
Günter Grass,
Stuart Dybek y
Murakami. Para este álbum traté de concentrarme en autoras femeninas como
Joan Didion,
Carolyn Forsche y
Gertrude Stein. También muchos libros y artículos tempestuosos sobre el medio ambiente, economías que colapsan, etc.”
Con un poco de suerte, la proeza de estos cuatro chicos que, desde puntos distantes de Estados Unidos, hace más de diez años que se las ingenian para crear música, empezará a dar frutos más dulces. El tour que tienen preparado por su país natal a lo largo de abril los encontrará unidos o los devolverá a su diáspora cotidiana hasta el próximo intento.
Texto por Oscar Gomez Poviña @ VNFOLD