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fill in the gaps
Mientras en el micromundo del arte eclosionan proyectos con cualquier porquería 3D, Jan Vormann recicla por partida doble: rellenando paredes destruidas con ilusiones pop de su repertorio infantil.

Jan es un alemán residente en Rusia que encontró algo mejor que hacer por el street art. Se sumó a la
explosión de hacer intervenciones tangibles al rellenar grietas de viejas paredes italianas con pequeños ladrillos de plástico. En Bocchignano, se juntó con otros artistas que lo ayudaron a realizar su proyecto. Más recientemente repitió la experiencia en Tel Aviv, Berlín y Ámsterdam. Ahora, lo que fue un proyecto personal, se ha transformado en una moda que recorre el globo.

Las piezas están encastradas una sobre otra –sin adhesivos adicionales– y el hecho de que las más grandes sean compatibles con las chicas ayudó bastante a Jan. Fuera del cemento que usó para algunos de los ladrillos más grandes, ningún pegamento funcionó sobre la patina polvorienta de las piedras. El resultado es una obra situacional a conciencia, expuesta a las inclemencias del clima y la erosión de la zona.

Jan no se limita a la intervención callejera: tiene otros trabajos simpáticos con banderas decoloradas, carritos de supermercado entrelazados y hasta un modelo geocéntrico del sistema solar. Todavía colecciona fotos de grietas y huecos, buscando nuevas formas de rellenarlos.  

¿Cómo surgió la idea para este proyecto?

Nos invitaron a mí y a un grupo de artistas internacionales a hacer unos proyectos en Italia. Nos dieron tiempo para explorar el ambiente y hablar entre nosotros de nuestras ideas. Yo veo el arte como un medio para comunicarse, y por eso encuentro importante discutir y recibir feedback. Y aunque la decisión final de “restaurar” viejas paredes con ladrillitos de plástico fue mía, mis amigos y colegas me ayudaron mucho en el proceso (así como yo los ayudé a ellos con sus ideas). ¡De eso se trata el trabajo en grupo!



¿Cuál es la mejor hora para trabajar?

Para el verano italiano, es mejor acatar la sabiduría lugareña: trabajar de mañana –cuando el calor es el justito– y pegarse una siesta cuando el sol te parte la cabeza y es imposible concentrarse. A la tarde, cuando el clima se vuelve más templado, volver a poner manos a la obra y hacer lo más que se pueda, antes de que las madrazas tanas llamen a comer y te dejen inútil de tanta comida deliciosa.

Cuando eras chico, ¿con qué jugabas?

Cuando el clima lo permitía, prefería salir al aire libre, con piedras y palos. En los días de lluvia, compartía una gran caja de Legos con mi hermano. ¿Quien lo hubiera pensado?

¿Cómo recordás la caída del Muro de Berlín?

Nací en Alemania Occidental, y era demasiado joven para entender lo que estaba pasando. Me acuerdo que venía a casa gente de la parte oriental y que nosotros también los visitábamos. Siempre traían chicos de mi edad o la de mi hermano. Puede ser que hayamos jugado con los Legos, juntos.

Si pudieras diseñar una serie de muñecos para Playmobil, ¿En qué consistiría y qué rol ocuparían en Playmobilandia?

Haría una pareja de muñecos-legos. Su rol sería infiltrarse y aparearse con los muñecos Playmobil en su mundito predeterminado. Dentro de algunas generaciones tendríamos una raza híbrida; menos pura en un aspecto, pero más perfecta en otro.  

¿Qué usarías para defenderte en un ataque de zombies? ¿Lego, Play Doh o Crayolas?

Creo que los zombies ya nos invadieron y que caminan por nuestras calles hambrientos de cerebros, totalmente inmunes a los ladrillitos, la plastilina o los crayones. No sé si hay una solución para eso, pero si pudiéramos construir una televisión a partir de esos materiales, eso los mantendría ocupados y nos compraría algo de tiempo. Entonces sí, tendríamos una oportunidad.

¿Qué muros tirarías abajo, hoy?

Lo primero que se me ocurre son los muros que ciertos gobiernos imponen sobre su gente. Para los que tenemos pasaporte de la Unión Europea no es mucho problema deambular por el mundo. Sin embargo, la mayoría de la población mundial tiene que someterse procesos burocráticos complicadísimos para entrar a algunos estados. ¡Otros, incluso, tienen que hacerlo sólo para salir de su país! Es una lástima, porque creo que el viaje enriquece a todas las almas. ¡Viajar hace que las personas comprendan las conexiones entre la gente de todo el planeta y deja en claro qué nos une y qué nos separa como habitantes del mundo!
 
¿Qué llena tus espacios vacíos?

¿Qué espacios vacíos? ¡Ah! ¿Te referís al de mis bolsillos? Bueno, quizás algún día me paguen algo por entrevistas como ésta.

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