[Click en la imagen para ver galería]
Desde Madrid, Robert Barthalot recrea fantasmas del carnaval alemán para purgar su conciencia. En una charla con nosotros, detalla qué imágenes y sonidos pueblan su cabeza.
En el viejo mundo, donde el carnaval no es un desfile de cariocas o pseudocariocas convulsivos sino, más bien, un rejunte pagano de figuras tenebrosas, Robert toma de estas pesadillas el imaginario para su obra. “Crecí con la música y el feeling de los 80s, donde el gris fue la gama dominante y el sentimiento de tristeza era una constante. También me influyeron las tradiciones oscuras del lugar donde crecí -en el sur de Alemania- donde había carnavales medievales con un cierto tono grotesco que me asustaba desde niño.”
Pero no todo en su arte es una mascarada melancólica, trabaja la materia con gracias e inteligencia conceptual, logrando piezas de una plasticidad artificial, pero muy contundentes. “Mi trabajo es una forma de terapia contra miedos del pasado,” nos cuenta desde Madrid, donde está asentado este alemán, “que intento plasmar haciéndolos más entrañables, con materiales amables y colores vivos. Para mí, hacer algo completamente ‘happy’ puede llegar a ser ‘kitsch’, por eso necesito introducir un elemento escabroso para generar este contraste. Al fin y al cabo intento que mis trabajos tengan un toque irónico que entretenga y no deprima”.
Por otro lado, la música acompaña a sus producciones. Pequeñas citas de canciones dan título y color a sus obras. “Tengo fases con y sin música, pero cuando la escucho mientras trabajo suele ser electrónica de épocas anteriores y actual, como Ladyhawke (la he quemado de tanto escucharla), o algo más experimental de Wim Mertens.” No en vano cita a los músicos entre sus influencias, a la altura de cualquier otro artista plástico: “Tengo varias influencias: Serge Lutens me influye por el grafismo en la fotografía, Jean-Paul Goude y Leigh Bowery por el juego con el cuerpo humano. Damien Hirst y Beuys me aportaron el sentimiento de la melancolía de una manera conceptual, al igual que Wim Mertens y Junior Boys pero en la música.”
Sin embargo, no son solo sus influencias las que nos seducen, sino la fuerza de sus imágenes, sus colores y lo desinhibido de su persona. Así que, Barth, vamos a hacerte una última pregunta: Si hubieras sido alumno de la Bauhaus, ¿con quién te hubieras acostado? “Sin duda con Oskar Schlemmer. Siempre tuvo mucho interés por el uso del cuerpo humano en trajes geométricos y bailes de vanguardia.” Ja!