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Posted in Arts & Culture — 02.10.09
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Posted in Arts & Culture — 09.03.10
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Chad Curtis imita la naturaleza y crea pequeños mundos plásticos a los que les insufla cierta vida con tecnología.
Algún día la humanidad será precaria y el mundo seguirá su camino, sin nosotros. Hombres como Chad contribuyen a esta especie de evolución artificial que terminará por ponernos afuera de ese pequeño círculo al que pertenecen los más aptos para sobrevivir. Así sean pequeños árboles plásticos encerrados en un microclima de pared, máquinas de dibujar o esculturas prefabricadas, cada uno de sus trabajos es como un nuevo clavo en nuestro ataúd.
Sus obras son ciertamente frías, pero prolijas; son imponentes en su acabado refinamiento y algo perturbantes en su profunda inhumanidad. De todas formas, antes de seguir especulando, es mejor dejar que hable el artista. En esta entrevista intentamos que Chad nos explique un poco de sí mismo, de su obra y qué ideas la movilizan.
¿Qué te lleva a pulir hasta el detalle un ciervo rojo?
Quiero que mi trabajo haga referencia al mundo natural y que al mismo tiempo mantenga su impronta de fabricado. La idea es conseguir un sentimiento conscientemente frío, sin un fuerte sentido táctil. Mucha gente suele despreciar mi trabajo de base, sin nunca darse cuenta de las intenciones.
En trabajos como tu máquina de dibujar, pareciera que sos bastante habilidoso construyendo cosas mecánicas. ¿Dónde adquiriste todos estos conocimientos?
Me fue muy práctico el haber trabajado tres años de electricista y técnico electrónico, cosa que me trajo experiencia y un número de herramientas y materiales. Además me introdujo a la electrónica, que empezó a aflorar en mis últimos trabajos.

Entonces, ¿en dónde ponés la línea entre lo artificial y lo natural?
Como yo los defino (lo natural y lo artificial), ambas son bastante parecidas pero con diferencias sutiles. La potencia del trabajo reside en esta sutileza de la diferencia. Si esta resolución se empuja demasiado hacia un lado o hacia el otro, es muy fácil perderla de vista, es demasiado obvio si es natural o artificial.
¿Te parece que algo así como la vida artificial puede existir?
Creo fervientemente que la vida artificial va a existir en el futuro, lo cual es un pensamiento aterrador. Ray Kurzweil y Kevin Kelley hablan muy bien al respecto. Más interesante para mí no es si esta vida artificial va a existir, pero más bien cuándo vamos a dejar de clasificar a este ente como “artificial”.
¿Cuáles eran tus revistas y libros favoritos cuando eras chico?
Libros: La serie The Great Brain, Swiss Family Robinson, libros de expirementos de ciencia y Dr. Seuss (todavía lo es). Revistas: Popular Science.

¿Alguna vez fuiste a Disney World? ¿Cuales fueron tus paseos más queridos u odiados?
Sí, fui a Disney World una vez cuando tenía trece años. Pero me acuerdo muy poco de la experiencia, más allá de hacer colas. Mi más fuerte recuerdo de Disney es de Epcot Center, que visitamos en el mismo viaje. Me pareció asombroso y lo consideré, en ese momento, mi primera experiencia con una cultura no-americana. Lo cual es, por supuesto, absurdo. Si hubo algo, fue una experiencia únicamente americana muy parecida a las referencias que he articulado entre mi trabajo y Las Vegas, otro ambiente simulado.
Trabajar tanto con la simulación te lleva a pensar: ¿Le pondrías NutraSweet a tu café, o sólo azúcar?
A mi café lo tomo negro. Evito el NutraSweet a toda costa. Mientras que nuestros cerebros se adaptan relativamente rápido a los cambios tecnológicos, la fisiología de nuestros cuerpos no es tan rápida para adaptarse. Estudios comprobaron que nuestro cuerpo procesa el NutraSweet como si fuera azúcar, a pesar de que no es real. ¿Quién lo hubiera imaginado?